El segundo entierro de Alejandrino o la travesía de la bruma hacia el sol

Un artículo de Sofía Valdiri

Octobre 2020

Alejandrino Carupia, antiguo jaibaná de la reserva indígena de Andabú, se le aparece en sueños a su esposa Teresa Bailarín. Buscando que su espíritu se libere para alcanzar Karagabi, Alejandrino pide a su esposa un segundo entierro en el cementerio blanco de Urrao, municipio antioqueño. Al ser desenterrado, la comunidad encuentra un cuerpo momificado. A pesar de la estupefacción y los malos presagios, Teresa escoge mantener viva la promesa que hizo a su esposo muerto. 

Este documental es un largometraje de Raúl Soto Rodríguez. Es una hermosa ventana que nos permite encontrarnos con una de las poblaciones indígenas más grandes de Colombia: los Emberá, particularmente los Emberá Eyabiba o los “ habitantes de la montaña”. Al presentar el perfil de Teresa, Raúl Soto hace un esbozo de esta comunidad indígena cuya herencia ancestral se confronta a la modernidad de nuestros tiempos.       

La película comienza con un plano fijo sobre un camino en la alta montaña. En medio del bosque andino, un paisaje brumoso aparece. La bruma y la lluvia otorgan a las imágenes una atmósfera onírica: es un paisaje que, aunque luminoso, carece de sol. Las voces de los indígenas describen el camino a recorrer para llegar a Urrao: 2 días de cabalgata atravesando los sube y baja de la montaña. El sol no está presente, ni en este primer plano ni en la mayoría de los planos grabados en Andabú. Un paisaje en el que, podría decirse, resuena perfectamente la cosmovisión Emberá en la que hay tres mundos : el de arriba -Bajía- donde están Karagabi (la luna) y Ba (el trueno); el de los hombres, que es la tierra -Egoró-; y el de abajo -Aremuko- donde viven los ancestros y donde nacen los jaibanás (los sabios tradicionales). La vida cotidiana de los Emberá se explica por las interacciones entre estos diferentes mundos. El diálogo que Alejandrino establece en sueños con Teresa es percibido como un puente entre dos mundos.

 Y es más significativo aún ya que Alejandrino es, como hemos dicho, un antiguo jaibaná. Bajo el prisma de Teresa y del cuerpo de Alejandrino, el documental de Raúl Soto muestra la preparación de la comunidad para efectuar una travesía de un mundo al otro. Tal vez no sea una casualidad que el viaje hacia el cementerio blanco se haga bajo una lluvia torrencial… 

Más allá de un acercamiento poético y onírico a la comunidad Embera, el documental visibiliza una poblacn indígena que, muy a menudo, es olvidada en Colombia. La apuesta de Raúl Soto es la de un director que asume su punto de vista de extranjero, es decir de aquel que viene de otro lugar. El documental no nos explica lo que vemos sino que nos muestra lo que se nos escapa. Varias veces vemos secuencias de primeros planos sobre rostros que se maquillan. Para los Emberá la pintura corporal es uno de los signos más representativos de su cultura: las figuras marcan la singularidad de quien las lleva así como su rol en la comunidad. Las secuencias de maquillaje aparecen frente a nuestros ojos sin palabras. Todo sucede como si el silencio fuera suficiente para transmitirnos el significado de aquellos gestos. También podemos escuchar esta realidad: el documental está íntegramente grabado en lengua Emberá, una de las 64 lenguas indígenas habladas en Colombia. El sobrino de Alejandrino, Joselito Carupia, fue el intérprete del equipo de rodaje frente a la  comunidad indígena. El reconocimiento de la lengua indígena es sobre todo evidente en la escena central cuando la comunidad ofrenda a Alejandrino antes de su partida. Mientras la comunidad toca los instrumentos y baila alrededor del cuerpo muerto, escuchamos el canto de Teresa. La oímos y sin embargo, la canción no es traducida. Oímos la delicadeza con la que la voz de Teresa acompaña a su marido más allá de la muerte.  

 

Y es que el amor de Teresa por Alejandrino se ve a lo largo de la película. Varias veces la vemos limpiar el cadáver momificado. Sus gestos se vuelven caricias sobre el cuerpo del ser amado y perdido, y ocurren  para compensar la tristeza con la que Teresa narra los últimos días de vida de su esposo. En efecto, aunque Alejandrino fue un líder social en el momento de la creación de la reserva indígena (1995), la pareja parece haber sido abandonada por los otros miembros de la comunidad. Un segundo entierro sería la manera justa de reparar el primero. Es así como después del largo camino hacia Urrao, Teresa se encuentra sola de nuevo, frente al muro de cemento donde aparece el nombre de Alejandrino Carupia. “Te dejo aquí y me devuelvo (regreso) a nuestra tierra”, dice ella. Golpea suavemente el muro, está sola de nuevo. Sobre su cabeza vemos, al fin, un  cielo azul. Todo sucede como si el segundo entierro de Alejandrino hubiera vencido la bruma.      

Fuentes: 

-Mirlo Podcast T2 E3 “Olga Cecilia Zapata, indigena Emberá-Chami”,  Manuela Ochoa, Cerosetenta podcast, 2019 

– “Emberá Enyabida, Emberá Katio”, Organización nacional indígena de Colombia, https://www.onic.org.co/pueblos