ENTREVISTA CON ANDRÉS FELIPE TORRES – DIRECTOR DE LA FORTALEZA

Entrevista realizada por Paula Rodriguez Polanco 
SEPTIEMBRE 2020

La Fortaleza es un documental realizado por Andrés Felipe Torres en 2019. La película nos embarca en un viaje conmovedor y arriesgado que emprenden tres adolescentes para ver jugar a su equipo de football, atravesando el país de norte a sur en una aventura de 900 kilómetros.

La película nos zambulle de pies a cabeza en el universo  de las barras bravas en Colombia. ¿Cómo fue el encuentro con ese mundo y cuál fue el proceso investigativo?

El acercamiento a la barra surge de conocernos en las calles de la ciudad. Es común para nosotros juntarnos todos con todos… Juventudes de diferentes grupos sociales y culturas urbanas. Punks, barristas, metaleros, hippies, rastas, gomelos, ñeros… Yo tenía la intención de hacer una película de los y las barristas que viajan en tractomula a ver al equipo, porque en mi adolescencia tuve una amiga que murió en carretera viajando con un grupo de amigos que hacían eso. Yo en esa época era muy niño y solo un observador pero eso me marcó. En ese sentido el encuentro es muy anterior a la película.

El acercamiento nace en una de esas calles donde se junta todo el mundo. Estábamos tomando unas cervezas con Carlos Galván (DP de la película) y pensando qué hacer con nuestras carreras porque no había trabajo en la ciudad. Queríamos hacer cine. Yo le conté de mi idea de hacer la película y ahí mismo nos encontramos con su primo, que es barrista y que nos presentó a los líderes de la barra. Esa es la normalidad que se vive en las calles de nuestra ciudad siendo jóvenes y sin mayor cosa que hacer ni donde estar. Lo que fue importante fue descubrir que eso que a nosotros nos parecía normal, no era tan normal, que era producto del contexto en el que vivimos y crecimos. Que esa violencia visible es sólo la consecuencia de una violencia invisible que no tiene una cara, sino que es un sistema que te rodea, por el que caminas todos los días y que se evidencia en todo lo que nos rodea. 

El proceso investigativo fue práctico, intuitivo, presencial y personal. Nos acercamos a la barra. Hablamos de nuestras ideas, expectativas y precisiones. Preguntamos lo que queríamos saber y ellos nos lo explicaron todo. Cuando llegamos al barrio La Cumbre para acercarnos al grupo de La Mulera fue lo mismo. Todo nace de un contacto directo con las personas que íbamos a retratar.

La Fortaleza no es solo una película sobre la hinchada, también es un retrato íntimo de Carlos, Óscar y Jorge. ¿Por qué elegirlos a ellos y por qué decidiste concentrarte en el personaje de Jorge?

De alguna manera nos elegimos mutuamente. Cuando llegamos al barrio La Cumbre hubo una conexión entre ellos tres y nosotros. No solo conmigo sino con todo el equipo. Los elegimos como se eligen los amigos. Hubo algo que conectó y que no fue un acto consciente. Establecimos una conexión inmediata, a través de las pequeñas cosas. Nuestra relación fue de amistad y de compañía. 

En cuanto a Jorge, elegimos centrarnos en él porque nos abrió las puertas y nos mostró sus colores. Jorge tiene esta doble condición de volatilidad y vulnerabilidad que conectó conmigo. Fue una cuestión de mutuo reconocimiento. Él siempre ha sabido que es volátil porque es frágil y está herido. Precisamente ahí comenzamos a entender mejor qué era lo que queríamos retratar y sobre todo lo que compartimos. A él le dicen el “Loco”. Un día cuando le preguntamos por qué le decían loco, por qué estaba “tan loco”, reconoció que él no es así porque quiere, sino porque le tocó volverse así para sobrevivir. De ese reconocimiento, surge la idea de centrarnos en Jorge y sus amigos. 

La cámara está muy presente a lo largo de la película, como un personaje más que se une al parche de los hinchas. ¿Cuál fue el proceso de inserción de la cámara al interior del grupo? 

Éramos un equipo pequeño y el director de fotografía y camarógrafo Carlos Galván fue parte del proceso desde el primer día. La inserción de la cámara es la inserción de Galván y de nosotros en el grupo. Hay una necesidad de ver y ser vistos. Fue un acto de reconocimiento mutuo mediado por una cámara y un micrófono. Todo surge de la relación y de cómo esa relación está mediada por estos dispositivos que son operados por personas. Es decir, la cámara en sí misma no es un dispositivo, es parte de Galván “el man de la cámara”. Lo mismo para el sonido. El sonidista Wilson Uribe era el del “boom”. De la misma manera en que Jorge no es él sin su camiseta, igualmente Galván y Uribe con sus dispositivos. En algún momento Jorge nos dijo algo cómo “Nosotros somos los locos del fútbol y ustedes los locos del cine”. 

No queríamos un distanciamiento y separación. De hecho la película busca dejar a un lado la mirada privilegiada de un autor, que mira desde la distancia y descubre a las personas como personajes. Esa mirada colonizadora del documentalista que se mete a un lugar y redescubre una realidad y unas personas a las que convierte en personajes. Nuestra idea era que la cámara fuera el “cuarto protagonista” y que el lenguaje de la película se construyera desde la experiencia de los protagonistas. 

LA FORTALEZA

¿Cómo fue el dispositivo de rodaje durante el viaje?

En cuanto al viaje fue un proceso en el que Jorge, Carlos y Julián nos enseñaron todo lo que había que saber sobre esa modalidad de viaje. En ningún momento pensamos en filmarlos desde la distancia. Si ellos estaban corriendo ese riesgo, nosotros también. Por lo tanto, hicimos varias pruebas de viaje donde nos enseñaron lo que había que hacer. Establecimos que se evitaría entrar en conflictos con otros hinchas. Es importante entender que en ese momento esta película la hicimos con veinte años y sin ningún premio o estímulo. En ese sentido tratamos de ser lo más profesionales y responsables que pudimos. Teníamos un acompañamiento de carretera, había un mapa de ruta con puestos de salud, estaciones de policía, etc. 

Fue un viaje intenso y sobrecogedor en el que pudimos ver Colombia a través de sus carreteras y cómo las experimentan ellos, que viajan constantemente siguiendo al equipo. Desde esta perspectiva se percibe Colombia como un país extraño, donde se ven complejos turísticos y proyectos industriales, extractivistas y de todo tipo, carreteras millonarias y muchas otras cosas que desde la perspectiva en que estábamos nos hacía preguntarnos: ¿para quién se está construyendo este país? ¿De quién es todo esto que vemos?

La fuerza y la energía de los personajes entran en diálogo con la muerte, la religión y la política. ¿Puedes decirnos cómo se dio esta convergencia en la película?

Esa convergencia se vive en la cotidianidad y queda plasmada en la película. En Colombia hay una crisis existencial y humana muy fuerte. Sobre todo en los sectores populares. Se ha perdido la fe en el estado y que el orden de las cosas está trastocado es la normalidad. Es normal creer ciegamente en ciertos símbolos: un partido político, un equipo de fútbol, un grupo armado, una religión, etc. Es normal matar o morir por ellos. La muerte no es individual, es colectiva. Ya no es solo un individuo único e irrepetible el que muere sino un número que pertenece a un grupo. Murieron o mataron, quince guerrilleros, diez soldados, cuatro barristas, una docena de líderes sociales, veinte menores de edad. A todos les lloraron sus familiares y los rezaron en el entierro, el cura hace un ritual, hablan las autoridades pertinentes y sigue la suma de estadísticas. Sigue la normalidad anormal.  

En Colombia, supongo que por su historia, hay una relación esencial entre religión, política y muerte… Relación que se evidencia en términos de violencia. Eso está latente en el imaginario pero también en cada esquina, en cada calle, en cada rostro, en las situaciones que la cámara observa. Esta convergencia es quizá inevitable, sobre todo cuando se está tan cerca viviendo las cosas desde el punto de vista de los protagonistas. Los individuos que las viven en carne propia. Frente a eso, recuerdo una cita que conservo en mi mente desde muy joven. Es de la película de Zacco y Vanzetti. Cuando los están condenando por un atentado uno de ellos dice al juzgado: «La sociedad en la que ustedes me obligan a vivir y que yo quiero destruir está construida sobre la violencia. Mendigar una vida por un mendrugo de pan es violencia, la miseria, el hambre que padecen millones es violencia, el dinero es violencia, la guerra… e incluso el miedo a morir que todos tenemos cada día es violencia.” Esto quizá explica un poco por qué filmamos lo que filmamos de cierta manera. Aún así, debo ser honesto que esa convergencia no fue intencional. Más allá de una intención discursiva en términos de religión y política, la película plantea una cuestión existencial y directa frente a la realidad. Esa convergencia y todos los temas que surgen alrededor es quizá producto de poner el lenguaje cinematográfico al servicio de la realidad que percibimos en las calles de nuestra ciudad. 

¿Cuáles eran las expectativas de los muchachos al aceptar filmar contigo? ¿Cómo concebían ellos la película?

Nuestras expectativas y concepciones coincidieron hasta que se proyectó la película y todos la vimos. Ellos querían ser retratados y nosotros queríamos retratarlos. No teníamos mayor expectativa que crear algo juntos. Lo que nos importaba mutuamente era simple: Ellos querían ser filmados y representar sus pasiones y realidades, querían también ganarse algo de dinero en el proceso y pasarla bien. Pero sobre todo, querían demostrar que su forma de ser y existir en el mundo tenía sentido. Tenían mucho que demostrar y de alguna manera nosotros también. Queríamos filmar, ejercer nuestra profesión, ganar algo de dinero y pasarla bien. Queríamos también demostrar que nuestra forma de ser y existir en el mundo tenía sentido. Concebimos la película juntos, ellos veían los roches, operaban la cámara etc… Una vez la película comenzó a ganar visibilidad y reconocimientos, las expectativas y las concepciones crecieron pero seguían siendo las mismas: un beneficio personal, un beneficio económico y representar de alguna manera lo propio para entenderlo y validar la propia existencia. Al final lo que ninguno de ellos pudo concebir es que hacer una película les cambiaría tanto y que a pesar de todo lo que sufren, la belleza de su existencia pudiese ser admirada y vivida por tantas personas a través del cine.