“El cine fantástico y de terror latinoamericano ha dado un paso de gigante a nivel mundial”

El Perro que ladra conversó sobre cine de terror colombiano y latinoamericano con Diego López, documentalista, escritor, miembro insigne del comité de programación y director de la sección Brigadoon del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror más importante del mundo, SITGES.

Entrevista realizada por Jhon Uribe

Ha pasado mucho tiempo desde la mexicana La Llorona de Ramón Peón (1933),  de la argentina Una Luz en la ventana (1942) o de A media noche me llevaré tu Alma (1964) del brasileño José Mojica. ¿Cómo se ha comportado el cine de género fantástico y de terror en Latinoamérica y cómo se sitúa en términos de calidad?

Diego López: La calidad en el cine latinoamericano siempre ha estado presente. Sin duda, la lucha por obtener un mayor presupuesto es una batalla que, a día de hoy, continúa, pero su calidad, aprovechando muy bien todos los recursos, es indudable. Propuestas como Luz, Aterrados, Muere, monstruo, muere o El páramo lo demuestran.

Entre modelos estadounidenses y eurocéntricos y las palabras comunes folclor o diversidad para recurrir a Latinoamérica: ¿Existe en realidad un tipo de cine fantástico y de terror propiamente latinoamericano?

Yo no diría que en la actualidad hay un género “propiamente latinoamericano”, pero es evidente que sus realizadores han aprendido muy bien a absorber influencias y demostrar con sus códigos (donde caben las leyendas, historias sobrenaturales y, muy importante, el cine que han visionado a lo largo de los años) que bien pueden construir propuestas muy atractivas. José Mojica Marins sí logró con su obra confeccionar un género propio, un discurso que se inicia en los años 60 y logra ir manteniendo y transmitiendo década tras década, siendo probablemente influencia y espejo para esas nuevas generaciones que, a partir del dos mil, empiezan en el duro camino de la realización. No hay que olvidar los 90, los cuales nos dieron una muestra de que algo empezaba a crecer, como por ejemplo los chicos de Farsa Producciones (Argentina) o Petter Baiestorf (Brasil).

Para muchas personas hablar de cine fantástico y de terror latinoamericano resulta poco común, y es cierto, mediáticamente se habla poco. ¿Cuál es tu percepción al respecto y qué opinas de iniciativas como la recién FANTLATAM (Alianza Latinoamericana de Festivales de Cine Fantástico)?

Sin duda, la alianza de distintos festivales de cine fantástico latinoamericanos bajo el sello de FantLatam es un gran paso. Pero también con la creación desde el 2013 de la plataforma Blood Window, liderada por Bernardo Bergeret y Javier Fernández con el impulso del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina); además con una sección en Ventana Sur,  presencia en el Marché du Film de Cannes, y con el apoyo de festivales como SITGES Y Bucheon IFFF que acogemos el premio Blood Window, el cine de género latinoamericano ha dado un paso de gigante a nivel mundial, teniendo presencia en festivales y mercados, levantando y creando proyectos, siendo un trampolín para directores, productores y largometrajes.  De otro lado, como en todas las cinematografías, es difícil que medios generalistas hablen de toda su producción, pero algunos títulos de estos últimos años han tenido bastante eco, por ejemplo Aterrados de Demian Rugna. Su aterrizaje en Netflix, sus buenas críticas y el futuro remake en EE.UU. bajo el amparo de Guillermo del Toro, dirigido por el propio Demian, le han dado la vuelta al mundo. Para complementar, recomiendo la lectura del libro colectivo “Manual de cine de género (experiencias de la guerrilla audiovisual en América Latina)” editado en 2015. ¡Son 500 páginas de historias fascinantes, anécdotas, aventuras y desventuras! 

Normalmente escuchamos hablar de México, Argentina, Brasil y más recientemente de Perú y Chile. ¿Y Colombia? ¿Cómo aparece dibujado el cine fantástico y de terror colombiano en este mapa? 

En la actualidad podemos utilizar la palabra “nacimiento”. Con títulos como Luz, El resquicio o los films de Jaime Osorio El páramo o Siete cabezas; sin olvidar Gallows Hill, dirigida por el realizador catalán Víctor García y rodada en Colombia. Y, sin duda, Jairo Pinilla, pionero del cine de género fantástico en Colombia. Tampoco podemos obviar el campo del cortometraje, donde seguramente se debe estar formando una cantera de futuros realizadores. Desde fuera podemos observar un movimiento que paso a paso va creciendo, como en otros países latinoamericanos.

En el 2013 el Festival, contigo a la cabeza, organizó una muy especial retrospectiva sobre Jairo Pinilla. ¿Cuáles fueron los motivos de esa selección?

SITGES siempre ha estado atento a esos míticos realizadores que han sido vitales en sus respectivos países: José Mojica Marins, Carlos Enrique Taboada, Iván Cardoso, Juan López Moctezuma… Jairo Pinilla no iba a ser menos. Autor de obras incomprendidas y enloquecidas, ¡qué yo personalmente adoro!, tales como La silla satánica o Funeral siniestro, tarde o temprano tenía que tener su espacio. Así, en el 2013, Pinilla nos visitó para la presentación de sus películas en una retrospectiva, donde los amigos de Zinema Zombie Fest nos ayudaron para tramitar su viaje y los derechos de los filmes.

Recientemente en el 2019, en la Sección Documenta del Festival,  La Venganza de Jairo recibió el Premio del Público. ¿Qué fue lo especial que el público encontró en este documental?

Su empeño, la supervivencia por continuar levantando proyectos con pequeños presupuestos, la pasión y entrega de Pinilla…, coordenadas que a lo largo de las décadas también hemos podido observar en realizadores de nuestro país, donde la ilusión y la dedicación era fundamental para continuar dirigiendo. Y Jairo te entrega todo eso. Además, cuando nos visitó en el 2013, pudimos comprobar también su energía y humor. 

Luz, de Juan Diego Escobar y con la fotografía de Nicolás Caballero, es una ópera prima particularmente interesante. En tu opinión ¿qué debería tener en cuenta un espectador que quiera verla?

Dejarse llevar. Luz tiene algo especial en su puesta en escena, con esos personajes arrastrados por las creencias, su excelente fotografía que inunda de pureza la corrupción de las almas y ese velo envenenado de Folk Horror que tan buenos resultados está otorgando al cine de terror en estos tiempos. Juan Diego, gran amigo por cierto, ha sabido plasmar de forma excelente su personal visión de un horror proveniente de la naturaleza.

Dialogando con Simón Hernández (La venganza de Jairo) y Juan Diego Escobar (Luz), nos decían lo especial que era el Festival de Sitges y la camaradería que existía entre todos los que hacen cine fantástico y de terror.  ¿A qué se debe este efecto comunidad que difícilmente se ve en el mundo del cine, un espacio normalmente asaltado por vanidades y egos?

El festival de Sitges es un lugar mágico, donde han surgido promesas, alianzas, proyectos… y donde la unión de los congregados tiene un efecto especial. Once días del año donde el Festival se transforma es una especie de burbuja fantástica y donde el cine manda por encima de todo. 

*Biografía. 

Diego López es miembro del comité de programación del Festival de Sitges y dirige la sección Brigadoon, abierta al público gratuitamente. Codirector de documentales como Los Perversos Rostros de Víctor Israel (2010), Herederos de la Bestia (2016), sobre la película de Álex de la Iglesia, y Jack Taylor Testigo del Fantástico (2018). Ha sido escritor de libros como Silencios de pánico. Historia del cine fantástico y de terror español, 1897-2010, publicado en 2013. Además desde el 2005 es editor del fanzine El Buque Maldito